Trump-etas apocalípticas

El presuntuosamente llamado “orden internacional” tronó y la ONU está estancada en la inutilidad ridícula. Amaneció 2026 y, puntual, su secretario general, António Guterres, nos hizo saber que, con certeza lo que se dice certeza, quién sabe… El poco funcional funcionario tuiteó: “No podemos predecir lo que nos deparará este nuevo año, pero sí sabemos esto: el mundo necesita a la ONU más que nunca”. Para el señor que trabaja de cabeza de la ONU la historia es un guion ya escrito o que están escribiendo otros, un guion al cual no nos queda más que someternos. Para el señor que debería encaminar coordinadamente los destinos de la geopolítica la historia es algo que se padece, no algo en que lo que se intervenga. Aceptémoslo: decir “no sabemos qué pasará” desde una postura de liderazgo internacional es una forma de cinismo. Después, el consabido bla-bla-bla: “Siempre defenderemos la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Nunca cederemos en nuestros principios. Nunca nos rendiremos.” Ajá…

Dos días después, ya sabemos, fuerzas norteamericanas agredieron militarmente a Venezuela, mataron a un centenar de seres humanos —tan humanos como Renee Good, la ciudadana estadounidense asesinada hace unos días por el ICE en Minneapolis—, destruyeron infraestructura y viviendas de Caracas, una ciudad de un Estado Nación con el cual los gringos no están en guerra y sobre el cual no tienen ninguna jurisdicción, y luego secuestraron al presidente Maduro y a su esposa… Trump, por sus pistolas, por sus misiles, por sus dólares, por sus gónadas, mandó ejecutar un acto que mostró al orbe que, de manera palmaria, a él y a la oligarquía capitalista les importa un carajo la ley, el derecho internacional y también, de entrada, las leyes de su propio país. Eso ya lo sabíamos, pero ahora también sabemos que entramos a una fase en la cual el tecno-capitalismo fascista norteamericano actuará descaradamente.

Luego, el ecuánime y cauto secretario general de Naciones Unidas se tomó su tiempo, dos días, para fijar postura: “En situaciones tan confusas y complejas como la que enfrentamos en Venezuela…” ¡Qué! ¿Confusas y complejas? Mire, amigo Guterres, si un grupo de personas durante días, en diferentes idiomas, desde distintos bagajes culturales, se sientan a hacerse saber mutuamente sus respectivos intereses y a tratar de que las divergencias puedan solucionarse de la mejor manera para todos, evitando sacar las pistolas para dirimir los asuntos a balazos, entonces sí podemos hablar de una situación compleja… Pero si un megalómano mega-anómalo decide bombardear a un país soberano y secuestrar a su presidente, pues la situación no es ni compleja ni confusa, es evidente y sencilla. 

Trump ya violó el marco legal por todos sus cantos, de tal suerte que eso que escribió usted enseguida, don António, resulta muy ingenuo, demasiado, tanto que resulta estúpido: “Respeto a la Carta de la ONU. Respeto a la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de los Estados. Prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza”. ¡Por favor! Peor, usted le hizo el caldo gordo al gordo y ayudó a justificar lo injustificable… No publicó usted una condena, un repudio, un llamado a liberar de inmediato a la pareja secuestrada por el ejército más poderoso del planeta, ¡no!, escribió: “El derecho internacional contiene herramientas para abordar cuestiones como el tráfico ilícito de narcóticos…” ¿También se tragó ese cuento? Un cuento que, horas después EU se encargó de mostrar como eso, como un cuento: que el cartel de Los Soles jamás ha existido… Peor quedó usted parado, señor secretario de la ONU, cuando el propio Trumpetas declaró que la cosa no iba de drogas, que lo que realmente les interesa es el petróleo. 

Y por esta desvergüenza grosera ahora resulta que muchos comentócratas proyanquis e incluso gente no tan enfermita se han ido con la finta del meta-engaño. Me explico. Escucho a un montón de gente decir cosas como esta: “Al menos hay que agradecerle la sinceridad. Trump ya dijo que lo del narcotráfico es puro cuento, que llevar la democracia a Venezuela no le interesa, que lo único que quiere es robarse el petróleo venezolano”. Es decir, sí es un un gorila, pero es un gorila bien sincero. Pues no. Trump engaña montando un engaño sobre otro. Ciertamente, no le importa en lo más mínimo combatir el consumo de drogas en su país —si le importara combatiría el consumo de drogas en su país—, pero tampoco el petróleo, mucho menos le interesa la democracia… ¿Entonces? ¿Por qué ordenó el ataque a Venezuela? Por lo mismo que en cualquier momento puede invadir Groenlandia. No por soberanía, no por seguridad nacional, tampoco por recursos… Declara que actúa impulsado por “A” y luego acepta que lo hizo por “B”, pero lo hace por otra cosa. ¿Qué otra cosa? Trump sólo actúa por impulsos pulsionales primitivos. Freud etiquetó esto como “racionalización”. En su libro Psicología de las masas, advirtió cómo algunos líderes usan argumentos ideológicos para encubrir impulsos pulsionales agresivos o libidinosos. El megalómano anaranjado quiere pasar a la historia como el macho alfa del mundo, como el más gandalla de todos los tiempos. No más. No hay más racionalidad atrás. Ningún gran plan subyace a la estrategia de tapar hoy con una estupidez la estupidez que cometió ayer.

¿Tendrá algún límite? Con la transparencia del orate, ya lo dijo: su único límite es su propia moral. Así que estamos todos en serios problemas: no tiene moral, no tiene límites. 

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