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  • TRIAGE: “Rebozo”: unipersonal de Valeria Vega nos ofrece un tejido de identidad y supervivencia

    TRIAGE: “Rebozo”: unipersonal de Valeria Vega nos ofrece un tejido de identidad y supervivencia

    Por Alexandro Guerrero

    En el Teatro Varsovia, la artista multidisciplinaria Valeria Vega Solórzano presenta su espectáculo unipersonal “Rebozo”, un viaje a través de la tradición, la identidad y los dilemas humanos. Con la dirección de Luis Escárcega y música original de Celso Duarte, esta obra única explora el proceso de elaboración del rebozo, una prenda tradicional mexicana que se convierte en metáfora de la vida.

    El rebozo abriga, acuna, abraza, enluta y celebra, según sea la ocasión de muerte o de fiesta. El rebozo también baila, serpentea junto con el cuerpo que danza y atrapa. Amoroso, el rebozo amansa y apacigua; entonces el movimiento es lento, con cadencia, suavecito, como arrullando a quien lo mira.

    Mantear el cuerpo para sacar las penas que se alojan en los músculos y las articulaciones, la tensión. De un lado a otro, la sobandera mueve su rebozo y el cuerpo tendido encima de él se balancea: péndulo vivo que recupera el centro. El rebozo que nos cura.

    Sobre los hombros descansa el rebozo; levanta las orillas alegres cuando se camina ligerito. A veces se acopla a la espalda y al pecho, cubriendo del frío y de las penas, o a un niño pequeño que duerme mientras su madre trabaja.

    “Rebozo” es una fusión de música, danza y teatro que cuenta la historia de una mujer que regresa a su tierra para despedirse de su abuela y redescubre su identidad y el legado que la tradición rebocera le ha heredado. La obra es un homenaje a la mujer, a la madre, a la trabajadora y a la guerrera, y a sus ancestros, que viven en el espíritu de esta prenda.

    Valeria Vega, maestra, coreógrafa, directora y productora, busca recordarnos que al hablar del rebozo también se habla de los hilos de la vida. “Rebozo es una obra de muchas lecturas, porque mi cuerpo físico danzante está al servicio del personaje”, expresó en entrevista exclusiva para Los Reporteros MX.

    A.G. ¿Cómo puede el proyecto “Rebozo” ser visto como un acto de resistencia epistémica en un mundo globalizado, y qué papel juega la interdisciplina en esta resistencia?

    V.V. Rebozo propone en su discurso la búsqueda de la identidad a través del cuestionamiento y la conciencia de los orígenes desde la sencillez de la cotidianidad. Apuntar nuestro discurso semiótico hacia una prenda artesanal, como símbolo y bandera no solo de la mexicanidad que representa, sino de la importancia de los procesos artesanales, su legado y valor cultural en un mundo industrial y globalizado.
    Se generó conocimiento a partir de la investigación del proceso de realización de un rebozo, que se complementó con el cruce de perspectivas para sublimar dicho proceso: desde el trabajo artesanal hasta la escenotecnia que cobija la propuesta y el discurso que empleamos para su difusión. Consideramos que hacer equipo y estar verdaderamente presentes en los ensayos y reuniones creativas es una forma de resistencia frente a la hiperinformación y el uso de la inteligencia artificial, por ejemplo.

    A.G. ¿De qué manera el rebozo se convierte en un dispositivo de narración que desafía las estructuras coloniales de representación, y cómo se refleja esto en la fusión de la danza, el teatro y la música?

    V.V. El rebozo como signo se busca potenciar escénicamente aprovechando la estructura tradicional de representación, pero desde un pensamiento lúdico que, más allá de cuestionar los métodos convencionales del teatro, se ritualiza con anécdotas personales de la intérprete y se extiende su dimensión romántica mediante el uso de la voz, la honestidad del cuerpo y la sonoridad única de la música tradicional mexicana. No se trata de cruzar disciplinas por capricho, sino de un collage visual y creativo, único y vibrante.

    A.G. ¿Qué significa para ti escenificar “Rebozo” en un contexto poscolonial, y cómo se relaciona con la idea de “descolonizar el cuerpo”?

    V.V. Ha significado hacer un recuento de mi vida, de las imágenes que me remiten a mi hogar, mis raíces y mi país, para aterrizarlas en un texto y echar mano de los recursos técnicos y artísticos asimilados a lo largo de una vida, no solo mía sino del equipo creativo. Implicó romper límites personales, académicos y corporales, para explorar nuevos recursos desde la voz hasta la danza. En Rebozo, mi cuerpo siente, se mueve y se relaciona desde la honestidad y la verdad que narro en cada escena. Ha sido un gozo y un desafío.

    A.G. ¿Cómo se articula la fusión de la danza, el teatro y las raíces mexicanas en “Rebozo” como una forma de epistemología del sur, y qué implica esto para la comprensión de la identidad mexicana?

    V.V. La necesidad artística de nuestro equipo se consolida por el amor al país. Rebozo es un homenaje a las raíces mexicanas, no necesariamente una postura de confrontación frente al capitalismo o al occidente hegemónico. Si la reflexión surge, es porque la inercia global y social nos ha llevado a cuestionar de forma urgente una identidad profunda, rica y viva.

    A.G. ¿Es el rebozo un símbolo y al mismo tiempo una investigación plástica en tu propuesta? ¿Cómo fue esta exploración?

    V.V. Sí, y también lo son los hilos. Metafóricamente, la vida se teje como un rebozo, y esos hilos se utilizan plásticamente a lo largo de toda la obra. El rebozo como objeto tiene un tratamiento escénico que dialoga con su elaboración artesanal, potenciando su belleza a través de la textura, el color, el peso y las dimensiones. La exploración comenzó desde la dirección, el vestuario, la coreografía y los usos cotidianos del rebozo. El diseño de iluminación evoca espacios donde los tejidos vibran o absorben la luz.

    A.G. ¿Cómo se refleja la colaboración interdisciplinaria en “Rebozo” como un modelo de creación colectiva y descolonizada, y qué lecciones deja para futuras creaciones artísticas?

    V.V. Rebozo es una creación colectiva afortunada, donde cada colaborador ha aportado desde su experiencia y sensibilidad. El arte escénico, por naturaleza, debe generar confianza y trabajo comunitario, y este proceso lo ha logrado. Es también una reflexión sobre la participación activa de mujeres y hombres hacedores de cultura intangible en México. Este modelo nos impulsa a realizar giras, acompañadas de talleres y espacios de diálogo con las audiencias, fortaleciendo a las compañías independientes y su valor cultural.

    A.G. ¿El rebozo es entendido en esta pieza como cuerpo territorio?

    V.V. Así es. Desde las epistemologías decoloniales, el rebozo se concibe como memoria corporeizada de abuelas y madres mexicanas, un símbolo de autoconsciencia, arropo y resistencia. Más allá del indigenismo o la lucha social explícita, el Rebozo que mostramos es una mezcla de significado y ornamento, de cobijo y resiliencia, sostenida por la fuerza de los ancestros.

    A.G. ¿Cómo se dio el encuentro con el resto de los creadores y cómo se estableció el proceso?

    V.V. Desarrollé el proyecto desde 2022, iniciando una investigación profunda en literatura, poesía, música y danzas relacionadas con el rebozo. Tras obtener el PECDA 2023, invité a Luis Escárcega para la dirección, quien fue clave para aterrizar el texto. Más adelante se integró Celso Duarte, creador de la música original, y Libertad Mardel, con quien ya había colaborado. En 2025, se sumó Juan Carlos Flores, aportando de manera decisiva como diseñador lumínico, productor y asistente de dirección y coreografía, con una mirada sensible y certera.

    Fechas y lugar:
    Miércoles 11 y 18 de febrero, 20:00 horas
    Teatro Varsovia (Varsovia 9, colonia Juárez)

    No te pierdas esta oportunidad de experimentar “Rebozo”.

  • La cúpula del teatro mexicano: ¿por qué ganar un ACPT parece ser solo para amigos?

    La cúpula del teatro mexicano: ¿por qué ganar un ACPT parece ser solo para amigos?

    Por Neri Torres

    Detrás de los Premios ACPT existe un “círculo de oro”. La trayectoria, el dinero y la influencia de figuras como Luis de Tavira y Morris Gilbert limitan la diversidad en los galardones.

    Detrás de los Premios ACPT existe un “círculo de oro”. La trayectoria, el dinero y la influencia de figuras como Luis de Tavira y Morris Gilbert determinan quién puede brillar, limitando así la diversidad en las y los galardonados. Los críticos y periodistas suelen premiar lo que más resalta: obras con respaldo económico o prestigio consolidado.

    Luis de Tavira ejerce un poder gigantesco. Como director y líder de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), sus montajes cuentan con los mayores presupuestos públicos y acceso privilegiado a los teatros. Su gestión ha sido criticada por centralismo, falta de apertura a la crítica y obras poco accesibles al público. De acuerdo a Enrique Olmos de Ita, Tavira se convirtió en el brazo escénico del gobierno panista, especialmente durante el sexenio de Felipe Calderón, consolidando influencia política y económica.

    Su montaje La expulsión, financiado por Efiteatro y Farmacias Similares, simboliza la alianza entre arte y grupos conservadores. Efiteatro, diseñado como un club de beneficios fiscales para productores con vínculos empresariales, favorece megaproducciones frente a proyectos independientes, profundizando la desigualdad: mientras la CNT disfruta de estabilidad y recursos, el teatro independiente sobrevive con precariedad.

    Por otro lado está Morris Gilbert, el rey de la taquilla. A través de MejorTeatro y OCESA, trae a México grandes franquicias de Broadway y West End, con producciones impecables y presupuestos millonarios. En 2021 protagonizó un escándalo con José Manuel López Velarde, autor de Mentiras, el musical, quien lo acusó de incumplir pagos, borrar su crédito y transmitir la obra digitalmente sin permiso. Tras la batalla legal, López Velarde recuperó los derechos y el nombre de su obra.

    En el terreno técnico, nombres como Jorge Ballina concentran premios por trabajar con ambas cúpulas. Su escenografía de nivel mundial siempre acompaña los montajes más visibles, reforzando la percepción de que los premios se concentran donde están los recursos y el poder.

    Los ACPT premian talento, sí, pero sobre todo visibilidad y capacidad de producción. Si no perteneces al círculo de grandes producciones o de obras muy subsidiadas, es casi imposible que el jurado te note.

    El problema no es el premio en sí, sino la maquinaria que impide que el teatro independiente y las nuevas voces compitan en igualdad de condiciones. Mientras el poder y el dinero sigan concentrados, los ACPT seguirán siendo un club exclusivo más que un reconocimiento al talento nacional.