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  • Coahuila revela al Xenovenator espinosai: el primo mexicanao del T-Rex

    Coahuila revela al Xenovenator espinosai: el primo mexicanao del T-Rex

    El Xenovenator espinosai, un carnívoro de 74 millones de años, fue un dinosaurio que vivió en Cerro del Pueblo, en el sureste de Coahuila y confirmó al estado como una de las regiones paleontológicas más importantes de México.

    El nombre Xenovenator espinosai hace alusión a su carácter extraño como depredador y rinde homenaje al paleontólogo mexicano Luis Espinosa, pionero en el estudio del pasado geológico del país. Este hallazgo se suma a los 15 géneros paleontológicos identificados en Coahuila y confirma la relevancia de la región como una de las zonas más ricas en fósiles de México, clave para comprender la evolución, el clima y los cambios ambientales a lo largo de millones de años.

    Coahuila se coloca en el mapa mundial de la paleontología con el Xenovenator Espinosai, un dinosaurio carnívoro que habitó la región hace aproximadamente 74 millones de años, cuando el sureste del estado formaba parte de las costas del antiguo Mar de Tetis. Este hallazgo, que se ha realizado en la formación Cerro del Pueblo, aporta nuevas claves sobre la evolución de los grandes depredadores del Cretácico Tardío.

    El Xenovenator pertenece a la familia de los Troodóntifos y es considerado un eslabón evolutivo entre los carnívoros de menor tamaño y los gigantes que dominaron el territorio que hoy es Coahuila. De acuerdo con especialistas del Museo del Desierto de Saltillo, este dinosaurio alcanzaba cerca de 3 metros de longitud y un peso estimado de 150 a 200 kilos, lo que lo convertía en un cazador ágil y eficiente dentro de su ecosistema.

    Este descubrimiento se remonta al año 2000, cuando fueron localizados restos correspondientes a tres individuos distintos, incluido un endocráneo excepcionalmente bien conservado. El material permitió identificar una combinación anatómica única, destacando un cerebro proporcionalmente grande, sentidos altamente desarrollados y dientes aserrados diseñados para evitar que sus presas escaparan.

    Los estudios revelan que el Xenovenator contaba con una visión frontal precisa y ojos grandes, adaptados para condiciones de poca luz, lo que sugiere hábitos de caza similares a los de aves nocturnas actuales. Además, presentaba un engrosamiento craneal que pudo haber estado cubierto de queratina, posiblemente utilizado en combates rituales entre machos, una conducta que refuerza su complejidad biológica.