Etiqueta: Eutanasia

  • Samara Martínez impulsa la Ley Trasciende y coloca la eutanasia en el centro del debate nacional

    Samara Martínez impulsa la Ley Trasciende y coloca la eutanasia en el centro del debate nacional

    Con una iniciativa ya en el Senado y el objetivo de que avance en 2026, Samara Martínez lidera la propuesta la Ley Trasciende, que busca permitir la eutanasia en pacientes con enfermerdades incurables, colocando en temas estratégicos nacionales el debate sobre el derecho a una muerte digna y los límites de la medicina en México. 

    La figura de Samara Martínez ha irrumpido con fuerza en la conservación pública como el rostro más visible de la lucha por la legalización de la eutanasia en México. Su activismo  ha logrado que la Ley Trasciende avance en el Congreso y destaque como uno de los temas más sensibles del país. 

    Diagnosticada desde la adolescencia con hipertensión, lupus e insuficiencia renal crónica, Samara ha pasado por dos trasplantes renales y años de tratamientos extremos. Durante el 2024, tras meses hospitalizada, fue declarada en fase terminal, un parteaguas que transformó su lucha personal en una causa colectiva por el derecho a decidir sobre el final de su vida. 

    Desde entonces, ha defendido que los pacientes con enfermedades incurables puedan acceder a una muerte asistida bajo condiciones médicas reguladas sin dolor necesario. A través de redes sociales, ha construido un movimiento que cuestiona al sistema de salud y la legislación. 

    La Ley Trasciende propone autorizar la eutanasia bajo protocolos estrictos, con diagnósticos irreversibles confirmados y supervisión médica independiente, buscando garantizar una despedida digna cuando la medicina ya no puede ofrecer curación. 

    La propuesta también contempla el acceso equitativo al procedimiento dentro del sistema de salud pública, abriendo un nuevo capítulo en la discusión sobre derechos humanos y responsabilidad del Estado frente al sufrimiento extremo.  El objetivo no es promover la muerte, sino garantizar una despedida digna cuando la vida se ha vuelto sinónimo de dolor. 

    En territorio nacional, sólo existe el derecho a los cuidados paliativos y a rechazar tratamientos, pero no a una intervención médica para adelantar el final en casos extremos, lo que ha abierto un vacío legal y ético cada vez más cuestionado. El parlamento abierto previsto para marzo de 2026 se perfila como un momento clave para definir el futuro de la iniciativa. 

    La narrativa de Samara conecta con una generación que exige derechos sobre el propio cuerpo y cuestiona la idea de que prolongar la vida siempre es sinónimo de bienestar, por lo que ha logrado transformar el duelo anticipado en un motor de cambio social al visibilizar una problemática que se ha mantenido en silencio. 

    Más allá de posturas ideológicas o creencias personales, la discusión sobre la eutanasia coloca en el centro a miles de pacientes que hoy enfrentan el final de su vida entre tratamientos y sufrimiento prolongado. La decisión que tome el Congreso definirá una reforma legal así como el derecho a decidir sobre el propio destino.

  • Uruguay vota la primera ley de eutanasia en América Latina

    Uruguay vota la primera ley de eutanasia en América Latina

    Uruguay podría convertirse este miércoles en el primer país de América Latina en aprobar una ley de eutanasia por vía legislativa. El proyecto, respaldado por una mayoría progresista en el Senado, garantiza el derecho a una muerte digna para personas con enfermedades incurables e irreversibles, bajo estrictas condiciones médicas y legales. 

    Uruguay está a punto de marcar un hito histórico: este miércoles, el Senado votará el proyecto de ley de eutanasia y muerte digna, con el cual podría convertirse en el primer país de América Latina en regular por vía legislativa el derecho a morir de manera voluntaria y asistida, diferenciándose de Colombia y Ecuador, países que despenalizaron esta práctica mediante fallos de la Corte Constitucional.

    La iniciativa, respaldada por una mayoría progresista, está inspirada en los modelos europeos y contempla estrictas garantías médicas y éticas para su aplicación. Detrás de la discusión hay nombres, historias y años de lucha de pacientes que, como Pablo Salgueiro —fallecido en 2020 tras padecer ELA—, exigieron que la sociedad reconozca el derecho a decidir sobre su propia vida.

    El proyecto establece que podrán acceder a la eutanasia las personas mayores de edad, psíquicamente aptas, que padezcan una enfermedad incurable e irreversible que cause sufrimientos intolerables o un grave deterioro de la calidad de vida. El proceso requerirá la solicitud por escrito del paciente, la evaluación de dos médicos independientes y la ratificación final ante testigos. Además, el texto garantiza la posibilidad de revocar la decisión en cualquier momento y obliga a los servicios de salud a ofrecer los medios necesarios para ejercer este derecho.

    “Lucho por el derecho de todos a elegir”, afirma Beatriz Gelós, de 71 años, quien también padece ELA y se ha convertido en una de las voces más visibles del movimiento ciudadano Empatía, el cual agrupa a familiares y pacientes a favor de la legalización. Su testimonio, como el de otros uruguayos, ha sido decisivo para sensibilizar al Parlamento y a la opinión pública: el 62% de la población respalda la aprobación, según encuestas recientes. “Quiero tener la tranquilidad que me da la ley de muerte digna. Por favor: más sufrimiento, no. No puedo más”, suplica Gelós.

    Aunque la oposición, encabezada por el colectivo Prudencia Uruguay, advierte que la ley “discrimina a los más vulnerables” y “carece de suficientes garantías psicológicas”, los impulsores del proyecto sostienen que el texto combina rigor y humanidad. “No se obliga a nadie: quienes deseen acogerse a este derecho podrán hacerlo, y quienes no, no”, subraya el diputado y médico Federico Preve. Si el Senado aprueba la norma, el Poder Ejecutivo tendrá seis meses para reglamentarla. Para muchos uruguayos, la votación de hoy no solo es una decisión legislativa, sino un paso simbólico hacia una sociedad “más humana, más comprensiva y más amorosa con el enfermo”.