No termina de asombrar que los líderes de la oposición política mexicana, tengan puesta su confianza en analistas y opinólogos que no han demostrado otra cosa que no sea el haber fracasado de manera rotunda para diezmar las fuerzas de la cuarta transformación mexicana, encabezada por el expresidente López Obrador y el movimiento político que fundó del cual surge el partido en el poder.
Si bien, la derecha ha mantenido algunos cotos y han dado sorpresa en algunos puntos del país, estos han sido ejemplos demasiado pequeños, para que indiquen un cambio en el timón, como el que significó la llegada de la izquierda al gobierno en la mayoría de los estados y el país.
Es por eso que sorprende que al tener tan baja aceptación entre los ciudadanos, quienes mueven los hilos en el PRIAN, sean tan necios para retener en sus filas a figuras tan ridículas y con tan poca credibilidad como Carlos Loret o Brozo, quienes desde el extranjero mantienen un ataque constante basado en mentiras en un canal digital auspiciado con recursos públicos, desviados bajo el mandato de Silvano Aureoles, que debieron utilizarse para mejorar las condiciones de sus gobernados.
El par de payasos que trabaja en Latinus, viven en el espejismo de la catástrofe, desde su residencia en Estados Unidos. Entre ellos se creen todo lo que dicen como si fuera verdad y es también de esa manera como intentan convencer a los más “despistados”. Ninguna de las maldiciones vividas bajo los gobiernos del PRI o el PAN les afectaron y sin embargo, consideran que lo peor que le ha pasado a los mexicanos, es vivir bajo un gobierno que vela porque se haga lo que se dejó de realizar en los gobiernos a los que sirvieron.
El último vaudeville interpretado por este par en donde hablan acerca del Rancho Izaguirre, da cuenta de lo bajo que la oposición puede caer. Si utilizaron con anterioridad catástrofes naturales o accidentes, incluso algunos en los que se sospechó fueron provocados, no sorprende que esta vez intenten, como han hecho en muchas ocasiones, manipular conciencias para sus propios intereses. Es así como se le ve al discípulo de López-Dóriga, caminando sobre sus mentiras, como cuando dio testimonio de un parte bélico, mientras un viejo tanque despejaba su cañón, en sus tiempos de corresponsal de guerra. La mentira ha sido su vida y el desprestigio su herencia.
Los “hermanos” (Loret y Brozo) hablan de la sistematización de las matanzas, de las vidas humanas perdidas; vidas humanas como las que forman parte de los daños colaterales de la guerra de Calderón contra el crimen organizado o como las de Israel Vallarta y Florence Cassez, quienes el narcotraficante García Luna, con quien colaboró Loret, se vieron afectadas, como parte de un montaje en el que participó el conductor, para incriminar a la pareja, de ser parte de una banda de secuestradores. En ese momento al conductor le importaron poco las vidas humanas; el show debía continuar.
Como esa, cuántas representaciones existieron, validadas por la televisión, para que casos como el del Rancho Izaguirre, no solo vieran la luz, sino la continuidad de sus funciones en sexenios prianistas porque, vale la pena recordar, estos lugares se crearon y tuvieron auge en esos años. Mientras tanto, al regresar al sketch de comedia, los sonidos guturales del payaso vestido de crítico, servían para dar validez y reconocimiento a las palabras del conductor devenido en payaso. Son la ficción que supera a la realidad. Ellos dos se dan el lujo, incluso, de dar consejos cual si fueran personas con congruencia, dignas de confianza.
Loretito se quedó mentalmente en su zona de guerra ficticia, en la que fue necesario mentir, armar un montaje, crear un espectáculo para dar a conocer la nota a su modo; sin embargo, no es distinto de los demás opinólogos, adictos al chayote y damnificados del gobierno de izquierda o a los políticos que por más que vistan ropas de diseñador, no se les quita lo corrientes; a todos ellos que se reunen en sus programas para darse apapachos, cofraternizar y quedarse a vivir en su burbuja, les sobra cinismo y les falta honorabilidad.
Por lo tanto, no sorprende que utilicen cualquier ocasión que sea apenas digna de ser subida a redes, como la del encuentro entre presidente de la cámara del Senado, Gerardo Fernández Noroña y el hijo de Felipe Calderón, para explotarla a su antojo en un afán de conseguir vistas y seguidores, que a su vez les permita generar dinero, el único Dios al que le rezan.
De este lado, nos queda la labor de ser críticos de “nuestros” políticos y alzar la voz ante injusticias; si hay algo por hacer con lo que ocurre en la acera de enfrente es analizar su historia y encontrar los porqués de la caída, por ejemplo, del otrora poderoso partido de izquierda, el PRD. De este lado el trabajo serio y dar la cara a la gente o afrontar las consecuencias; de aquel, el espectáculo de bufones.

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