Cuando las dirigencias de cualquier partido se desviven por esconder una crisis, ya sea negando directamente su existencia o aparentando que todo marcha conforme los deseos del pueblo, es sinónimo de dos cosas: o la crisis ha llegado a tal grado que no se sabe cómo atajarla, o de plano se avienta la toalla para no hacer algo más allá que administrar el problema; total: un cargo en MORENA te lleva a otro cargo, aunque al partido se lo cargue.
Así anda más o menos la situación en MORENA con la dirigencia que por más que se esfuerza, como que no termina de convencer, aparte del flaco favor que le hacen los protagonistas de los señalamientos recientes como el jugadorazo del América que, como político es muy buen delantero A esto vayamos sumando algo que es cada vez más cierto, la actitud de la presidenta nacional de ese partido que conforme pasan los días, se parece más a la presidencia del perredista Jesús Zambrano, aquel que varias veces se aventó la frase esa de “el muerto que vosotros matáis, goza de buena salud” y que al final, fue el quien lo mató; pues así la joven heredera de los apellidos (y cercanías) Alcalde – Luján, cuya omisión y/o silencio en casos muy específicos (pero ya muchos), pareciera continuarán durante su presidencia, no vaya a ser que la autocrítica desprestigie más al movimiento que casos como los de Cuauhtémoc Blanco (con todo y el consagrado derecho constitucional a la presunción de la inocencia)
Aquí el problema no está solo en el silencio ante acusaciones de diversas naturalezas, sino también en esa lógica de que todo lo que debe hacer el partido del gobierno es convertirse en un apéndice de éste y erigirse como principal vocero de las acciones de Claudia Sheinbaum. Algo similar al error del PRD de cuando apenas comenzaba a gobernar la capital del país con el slogan es que rezaba “El PRD, gobierna para tu bien”, ¡Caray!, desde que alguien en la izquierda creyó que circunscribir las acciones del partido a las acciones de gobierno era sinónimo de rentabilidad electorera, pues la cosa se jodió. Así anda ahora la presidenta morenista, un día sí y otro también destacando las acciones de gobierno, que no está mal en sí, si no olvidara que en la calle hay muchas más causas por abanderar y que una sola de ellas, una sola de esas causas no le pertenece en lo absoluto a las voces opositoras. Existen, sobreviven y resisten, entonces ¿por qué no acompañarlas?
La razón parece muy simple, tanto la capacidad como el cálculo político de Luisa María Alcalde le permiten identificar los casos más complicados en la jungla morenista, sabe perfectamente cuales de ellos pueden tener mayor impacto negativo para el movimiento. Aquí la capacidad se entrelaza con la conciencia y se opta por una decisión moralmente correcta, pero el cálculo político se cruza con la conveniencia y se opta por una decisión políticamente correcta, de queda bien.
Así lo muestra el caso de Yunes, donde más allá de dar una respuesta contundente, responde con tibieza y no de la manera enérgica que ameritaba el caso, situación que causa verdadera lástima cuando historiadores de la Cuatro T sentados en la soberbia conferida por el título de vacas sagradas, aplauden una postura timorata siendo que lo que se ocupa es el repudio a la trayectoria del expulsado panista que decidió ser morenista y al que le dijeron cantinfleando que no puede ser morenista (aunque lo haya pedido) porque no ha renunciado al PAN. ¡No señores!, ¡no sean ridículos y digan cómo es! no puede ser morenista porque sencillamente ofendería a su militancia, ¡basta de guardar las formas para que no se enojen en el senado!
En fin, el muerto que aun nadie quiere matar, en realidad ya lo están matando. El problema es que afuera, de manera paciente, se va gestando un nido de inconformes que empiezan a tomar forma para asaltar al movimiento, se alimenta poco a poco de las entrañas del morenismo y opera bajo el cobijo del presupuesto, ojalá no sea tarde cuando Claudia Sheinbaum descubra quienes son y con quien se juntan.

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