Vivimos en una Ciudad que huele a heces fecales y pipí de perro. Sin embargo pareciera que a los capitalinos no nos funciona el sistema olfativo porque nadie hace nada, ni dice nada. Haz de cuenta que no existe, que no hay tal, que es sólo producto de nuestra imaginación y que sólo se hace real cuando pisamos estas pilas de excremento y nos llevamos el apeste a donde quiera que vamos.
Y es que ahora resulta que los perros y los gatos tienen más derechos que tú y que yo, son los Reyes del Barrio. Pobre de aquel que le diga al dueño de un can que le ponga la correa porque es de raza peligrosa; o de aquel que le indique respetuosamente sacar a su perro de jardineras y áreas verdes; y cómo atreverse a decirle a alguien que no deje que su primor orine en la fachada de tu casa; O cómo externar que ojalá regresaran las camionetas que se llevaban a los animales sin dueño sin qye te digan asesino. ¡Noooo!, los perros y gatos pueden hacer lo que se les dé la gana que al fin para eso les habla uno y entienden (Nótese el sarcasmo).
Y por si creíamos ingenuamente que podíamos descansar de ladridos, pelos, o malos olores en plazas y restaurantes eso no es ya posible porque están en todas partes. Ahora ya hasta los gatos los traen amarrados en la calle o encerrados en mochilas trasparentes.
¿Cómo poder resolver el delicado pero grave tema de las mascotas en la Ciudad de México? Propongo partir desvinculando dos aspectos: Por un lado el gran amor que sí se les llega a tener a estas mascotas y la total inocencia obvia de los canes de compañía.
Aclarados estos dos puntos, vayámonos directamente a la ya criminal irresponsabilidad de los dueños de perros. En la Ciudad de México existen casi dos millones de mascotas caninas que supuestamente son las preferidas de los capitalinos. Pero como veremos, esta predilección, es en realidad ficticia y superficial.
Hoy en día no se puede salir del hogar sin inmediatamente encontrarnos con excrementos caninos a media calle y por supuesto recibir el golpe en cada esquina del tufo de los químicos de su orina. La Capital es ya un mar de desechos orgánicos que hasta a veces se pueden ver como obra escultórica sobre algún pedazo de cascajo. Pareciera que los chilangos adoramos vivir entre la mierda. (Perdonen mi francés)
Los dueños inconscientes no levantan las heces de sus mascotitas, o las levantan pero las avientan en cualquier entrada, banqueta o árbol. Por otro lado, la moda de los “buena onda” es no traer a sus “perrhijos” restringidos con una correa a pesar de que en la Ley de Cultura Cívica vigente está prohibido y de que puede tratarse de razas potencialmente peligrosas.
Lo anterior está provocando un grave problema de salubridad, que aunado a la mala calidad del aire en nuestra Ciudad, afecta de manera directa a los seres humanos, especialmente niños y adultos mayores. Según expertos de la UNAM las heces fecales caninas dan origen a enfermedades parasitarias graves tales como la Ancylostomosis, causada por un parásito que tiene la capacidad de penetrar por la piel o la Giardia que produce problemas gastrointestinales severos como diarreas crónicas, colitis crónicas, padecimientos que son difíciles de erradicar.
Pero en realidad el amor que dicen tener los dueños de mascotas caninas por sus animales puede ser muy relativo. La mayoría de los perros pasan muchas horas solos, encerrados en departamentos pequeños o en azoteas amarrados sin atención adecuada. Esto provoca en el can una especie de angustia y nerviosismo que hace que ladre constantemente, o ya que ahora normalmente se tienen de dos a tres perros por inmueble, se peleen entre ellos.
La Secretaria de Salud, la PAOT y la Secretaria de Medio Ambiente advierten de los efectos estresantes que estos ladridos causan en la población vecina. Los aullidos constantes y angustiosos de los animales dificultan el sueño, la concentración del resto de los habitantes en un edificio, impide el estudio y el descanso de adultos mayores o enfermos y cualquier actividad doméstica que precise tranquilidad.
Por otro lado, en la Ciudad de México son sacrificados anualmente cerca de 30 mil perros, de los cuales 52 por ciento son entregados por el mismo dueño a cargo de estas mascotas, señaló en un dato escalofriante, la Agencia de Atención Animal de la Ciudad de México (Agatan). Al mismo tiempo, la Secretaría de Medio Ambiente, compartió el dato de que muchas de las familias que compran mascotas, a los tres meses buscan deshacerse de ellas porque no cumplieron sus expectativas. ¿Esto es amar a las mascotas?
Los canes y gatos son abandonados en barrancas, lotes baldíos, en algunas ocasiones se les llega a aventar desde los autos. Pero quizá también esta crueldad sea ocasionada por factores económicos ya que algunos dueños reportaron gastar en promedio por mascota $1,800 pesos al mes, siendo el mayor gasto en comida luego en consultas médicas, medicamentos, tratamientos, cortes de pelo y hasta en funerales.
Como se ve este tema presenta una complejidad que desde mi opinión tiene que ver con una pérdida de valores, modas efímeras, carencias afectivas individuales, un estilo de vida falso y egoísta. Donde sólo se busca la satisfacción personal, guardar las apariencias, disfrazar una carencia o la pretensión de un status económico que no se tiene en realidad.
Lo más tremendo del asunto es que nos afecta a todos por igual porque hay un descontrol y una gran irresponsabilidad como comunidad ante la salud propia y del otro que ha llegado a extremos de violencia que van desde envenenamientos de estos animales, asesinatos y peleas entre vecinos. Hace falta que las leyes a este respecto se cumplan cabalmente para proteger a la ciudadanía de sí misma.
Queda pendiente el tema de los animales ferales porque todas las acciones que está tomando el gobierno son sólo para mascotas. En esa tema sí propondría que se retiraran en un vehículo especial y por otro lado, arriesgándome a ser tachada de inconsciente, que se cobren impuestos por cada animal que se tenga en casa.

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