Por Ricardo Sevilla
Jalisco está mal gobernado. Y eso lo sabe y lo padece la población. El gobierno de Pablo Lemus es un auténtico desastre. El tarifazo y el tarjetazo son otras evidencias de sus políticas antipopulares y su entreguismo al corporativismo.
Pero las cosas se ponen cada vez peor. Ya no es un secreto. Jalisco atraviesa una crisis de gestión que se está manifiestando en dos frentes: la economía del bolsillo y la seguridad sanitaria. Y es que, mientras la administración de Pablo Lemus se enfoca en una supuesta modernización digital, los indicadores básicos de bienestar social muestran grietas enormes.
Pero déjeme contarle la historia con Daros duros.
En enero de este año, los casos de Sarampión pasaron de 663 casos a 829. Estamos hablando de que eso representa un incremento del 25% en solo 31 días, superando la incidencia previa en un tiempo récord.
Y Pablo Lemus, sencillamente, parece estar encogiéndose de hombros.
El gobernador emecista había enfrentado el escándalo del “Tarifazo”, que no es solo un aumento de precio, sino un impacto directo al salario mínimo local, donde el gasto en transporte puede llegar a representar hasta el 15% del ingreso diario de un trabajador promedio.
Ahora mal, no se necesita ser un especialista en medicina ni un epidemiólogo para darse cuenta de la triste realidad que padece el pueblo jalisciense. La transmisión activa de Sarampión en 23 estados revela una terrible falla en la cadena de vacunación. Pero el pico estadístico en Jalisco coloca a ese estado como el epicentro de la crisis sanitaria actual. ¿Quién debería enfrentar esta situación? La administración del emecista Pablo Lemus.
El terrible brote de sarampión en Jalisco es el síntoma de una erosión en el tejido preventivo. ¿Y qué hace el gobierno de Lemus? Dilapidar el dinero en el narcisismo del gobernador.
Y es que no solo es la crisis de salud. No solo es el brutal incremento en los casos de sarampión. Además de todo, en el estado de Jalisco, la gestión de los gobiernos emanados del partido Movimiento Ciudadano (MC) han puesto en evidencia una preocupante tendencia: la desmedida inversión en comunicación social y publicidad.
Más que una herramienta informativa, esta práctica se ha convertido en una plataforma para la construcción de imágenes personales y el impulso de carreras políticas, transformando a los funcionarios públicos en figuras que, por su obsesión con los reflectores, se asemejan más a estrellas de la farándula que a servidores públicos.
Lemus y los presidentes municipales, lejos de preocuparse por la población, están muy emocionados dando contratos de publicidad millonarios.
Y es que no es solo Pablo Lemus. Los datos duros que emergen de las tesorerías municipales de Tlajomulco de Zúñiga y Zapopan revelan que ahí, Movimiento Ciudadano, también está haciendo lo mismo.
Las estadísticas de sarampión en Jalisco no son números, son fallos sistémicos de la administración. Por cierto, ahí, en ese estado, los emecistas no aceptaron adherirse al programa IMSS Bienestar. Para más datos duros, dale like, comenta y comparte.













