Una mentira que se ha repetido hasta el cansancio por la derecha mexicana ha sido que Trump combate el narcotráfico y por eso quiere invadir otros países, en concreto el nuestro. Pero estoy seguro que nunca han analizado cuáles son los verdaderos objetivos del dictador naranja, que cada vez es más transparente en lo que quiere, o se hacen los bobos para mejor repetir esa mentira y usarla políticamente. De esto platicamos a continuación.
Trump inventó la existencia de un cartel en Venezuela, lo llamó cartel de los soles, para invadirlos y quedarse con sus recursos. Hizo toda una campaña mediática donde hasta ofreció recompensa por los líderes de esa supuesta asociación delictuosa que nunca existió. Patético fue enterarnos que ese recurso jurídico lo desestimaron ahora que Maduro está en prisión porque pues no había pruebas suficientes jaja, nunca las hubo.
Con solo ese pequeño antecedente sería suficiente para desconfiar de todo lo que diga Trump acerca del narcotráfico, de llamarlos terroristas, de declarar al fentanilo arma de destrucción masiva y un largo etcétera. Todo apunta a las narrativas ficticias gringas que han implementado para invadir otros países en nombre de supuesta libertad.
Pero el dictador naranja es trasparente cada vez más y dijo los invadimos por su petróleo y sus recursos, son nuestros no de ustedes. De repente la narrativa del narcotráfico quedó olvidada y en la oposición mexicana no quisieron tomar esas palabras porque no les conviene.
Y es que para nadie es un secreto que Trump no quiere acabar con el narcotráfico ni siquiera controlarlo, no le importa su población en lo más mínimo. Si así fuera Estados Unidos, que es el mayor consumidor de drogas y el mayor proveedor de armas a los carteles, haría algo serio en sus políticas públicas para acabar de tajo con esas redes delincuenciales.
Pero no, el negocio le es muy favorable para los grandes capitalistas gringos, sus bancos lavan millonadas de dólares del narco sin que nadie diga nada, su distribución de drogas interna casi nunca se menciona y sus propios carteles operan con impunidad e inmunidad.
Así que cuando alguien te diga que es mejor que nos invadan los gringos para acabar con los narcos recuérdale que al dictador Trump no le interesa en lo más mínimo acabar con el narcotráfico y la violencia ya que es uno de sus principales pilares.
La oposición quiere hacer creer que Morena no quiere oposición, la naciente organización fascista y decadente Somos México, reciclaje de los desechos de la política rechazada varias veces por la población, considera que el gobierno intenta desaparecer la disidencia.
México espera que ese tipo de oposición ya no exista, y dentro el partido en el poder la intención es tener un interlocutor que eleve el nivel del debate y no lo reduzca a insultos y espectáculos propios de un partido de futbol.
La población considera que la argumentación del debate en Morena ha reducido su solidez y abaratado su vocabulario para poder discutir con la oposición que existe ahora. Los que se dicen nuevo son cartuchos quemados y los viejos intentan infructuosamente actualizar su imagen.
La oposición en abstracto, como lo manejan los medios, pareciera un ente político trascendente, en realidad son partidos disminuidos en su militancia y representación social que deben dar lugar a verdaderos partidos políticos con los que la democracia se fortalecerá. Con ellos en el supuesto sobrepeso, la democracia se deteriora con ese discurso violento, con su subasta permanente de la patria y su falta de cultura política.
La oposición en términos reales no existe, se requiere otra oposición no su cancelación, para que haya legitimidad en el poder y hegemonía en el gobierno. En realidad, la oposición actualmente existente estorba el desarrollo del país. El nivel de debate y la preparación política disminuye en el Movimiento de Morena ante la necesidad de discutir con personajes que se disfrazan de dinosaurios o golpean senadores ante la mínima provocación.
Por su parte, la oposición insiste en plagiarse a sí misma, en repetir las mismas caras, las mismas propuestas, las mismas críticas, para ocultar sus deficiencias en el trabajo político que se caracteriza por su carencia de propuestas viables para transformar el país cuya economía y cultura ellos echaron a perder.
¿Cómo arreglar las cosas si sólo saben desviar recursos del erario hacia sus bolsillos?
Ahora ese cascajo, donde hasta los autodenominados imparciales ex consejeros del INE, quieren ser protagonistas, no se dan cuenta que el reflejo en el espejo tiene un cuarto de siglo sin cambiar el rostro.
Las propuestas de los que alguna vez fueron los propietarios de una democracia frágil, ahora carecen de imaginación y conocimientos suficientes para actualizar su manera de normar elecciones en un escenario político nacional y mundial que cambia todos los días, pero ellos no cambian, porque siguen teniendo los mismos intereses que provocaron la guerra contra Benito Juárez, con el fusilamiento de Maximiliano y el latifundismo que impulsó la Revolución.
Habrá que diseñar una reforma electoral a futuro, no solucionando los problemas existentes sino previendo los que vienen, sobre todo en materia de embates violentos de la derecha y oportunismos que dentro y fuera del Movimiento puedan surgir para seguir abaratando la política mexicana.
Nombres de traidores a la patria, fuera del Movimiento sobran, también están definidos los traidores a Morena adentro. Están identificados y no sólo hacen daño estorban al desarrollo de la historia, y hasta de la especie humana.
¿Para qué? Sí, es interesante conocer el propósito de las acciones de los que abusan de aquellos a quienes consideran más débiles, frágiles o incluso simplemente diferentes.
Veamos un ejemplo sencillo y fácil de narrar: en un colegio, de esos particulares en los que hay niños de familias muy adineradas, también aparecen otros a cuyos padres les cuesta mucho sostener en esa escuela, porque creen que es lo mejor.
Aparece un chico, hijo de europeos muy ricos, blanco y rubio, con pensamiento favorable a la ultraderecha, que pronto se identifica con sus pares y es admirado porque siempre trae dinero, ropa de marca, es el dueño del balón para jugar, y otro más bajito, regordete, de cabello negro y moreno.
Ambos tienen capacidad intelectual plena, pero el moreno siempre supera en todo al otro, aunque no es tan hábil físicamente y siempre es retado y humillado por el güerito, hasta que un día se hace evidente que su razón para molestar al bajito, es la envidia porque en lo académico nunca puede von él. Aquel moreno se cansa y por fin responde a las agresiones con la violencia propia de quien ha guardado el odio y el enojo por mucho tiempo.
La golpiza inesperada, de la que ambos salen lastimados, pero el resto sabe que el moreno venció porque dejó atrás su papel de víctima.
Tenemos un abusador entre las naciones, el güerito con lana y poder que quiere lo que tenemos los morenos que sobresalimos cuando nos decidimos por hacerlo y por ya no dejarnos. Somos muchos más que ellos, somos 670 millones de personas y ellos son 347 millones, si a nuestra población le quitamos el 35%, que sería el número aproximado de simpatizantes de la derecha, quedamos 435 millones y si a su población le quitamos el 48% que fue el porcentaje de votos que obtuvo Kamala Harris en 2024, le quedan 141 millones.
Claro que las cuentas son casi aleatorias porque estoy tomando en cuenta el total de la población contra el porcentaje aproximado de las personas con visión derechista o, en su caso, de población con pensamiento al menos progresista. Aún con estos números muy inexactos, si nos unimos los latinoamericanos, somos más y posiblemente seremos invencibles, o ese es mi deseo.
Lo verdaderamente triste es que no hay un solo Jefe de Estado en Nuestra América, que esté proponiendo algo así y peor todavía, las actitudes de casi todos, es de disputa por el liderazgo del posible grupo, creo que nada es peor que eso porque divide y esa división juega en favor del imperio. Es una situación que se ha repetido en otros tiempos, debe parar. Nuestra seguridad, soberanía, libertad y paz, dependen de la unidad.
Las manifestaciones masivas, pacíficas que se realizan en Venezuela en contra del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, bajo la acusación de que están vinculados con el narcotráfico, es sin duda reflejo de la idiosincrasia del ciudadano común en toda América Latina, la valentía con la que el pueblo venezolano actúa, es sin duda un rasgo importante que no tomó en cuenta la administración del delincuente que dirige los destinos del gobierno de los Estados Unidos. La fraternidad entre los pueblos de Latinoamérica se está poniendo a prueba y está demostrando la unidad de los pueblos heredada de las grandes civilizaciones mesoamericanas.
Las movilizaciones convertidas en lucha pacífica, realizadas en muchas de las ciudades más emblemáticas de todo el mundo nos da como referencia el hartazgo del ciudadano común en torno al abuso de poder que ejerce el Agente Naranja de la Casa Blanca.
El poder represivo que se manifiesta en la administración del presidente Trump está provocando una ola de indignación, pero sobre todo se está demostrando cómo el otrora país más poderoso en el mundo da muestra de su decadencia en el ámbito económico, dónde su necesidad por salvar su economía y su ritmo de vida lleno de excesos, muestra como en la realidad su riqueza se ha obtenido ejerciendo el Abuso de Poder con el que cuenta, mediante la violencia militar, la mentira, el despojo, la represión e infiltrando, sobornando, corrompido tanto a gobiernos y líderes de organismos políticos internacionales.
Así demuestra el gobierno gringo, cómo en la realidad su lucha por el bienestar de la humanidad y de la democracia, solo existe en las super producciones cinematográficas que se muestran a través de las pantallas, dónde también se manipula la conciencia, sobre todo la de su población, que le sirve como arma de control social, dando argumentos falsos, ocultando la realidad crítica que atraviesa su país en materia económica, tecnológica, de valores, de seguridad, de salud física y emocional.
Los argumentos sobre el daño que se provoca a su población a causa del narcotráfico fuera de su país se caen por si solos ya que para la economía gringa la distribución y consumo de narcóticos es parte importante de sus ingresos, por esa razón no están dispuestos a soltar su control al igual que con el negocio de las armas con el que se cierra el círculo virtuoso en torno a sus intereses económicos dónde la salud y la seguridad de su pueblo es menos importante. Lo que en realidad les interesa son las riquezas naturales con las que cuenta el país bolivariano.
Al parecer de nuevo la sociedad mundial enfrenta el flagelo de la violencia por parte de un gobierno gringo que se siente dueño del mundo, dónde su dirigente líder de las mayorías refleja su verdadero rostro, el de la ambición desmedida.
El delincuente que ocupa la Casa Blanca, no podrá con el poder de la razón y el humanismo que emana el pueblo Latinoamericano, principios básicos que siempre han salvado de la violencia a la sociedad en el mundo.
Nicolás Maduro, junto con Cilia Flores, fue sustraído de territorio venezolano el pasado 3 de enero de 2026 por parte de militares estadounidenses instruidos por Donald Trump. Como suele hacer la nación imperialista por excelencia, esta vez eligieron el argumento del narcotráfico para secuestrar y querer juzgar arbitrariamente al mandatario de una nación que les supone una jugosa extracción de recursos. Y esta vez no hay que indagar demasiado para constatarlo, pues el propio Donald Trump había anunciado días antes que recuperarían “su” petróleo, el cual, según sus palabras, Venezuela les había quitado ilegalmente.
Y aunque en general hemos hablado largo y tendido sobre la innegable politización del pueblo mexicano, y que la presidenta Claudia Sheinbaum condenó categóricamente el intervencionismo, tampoco sorprende que los mismos de siempre se hagan notar para mal; pero ahora no solo ellos, los hachos habituales, sino que el asunto fue tan mediático que muchas voces que poco hablan (y poco saben) de política, también hicieron sus “aportaciones”.
Me encontré aquel 3 de enero una publicación hecha por un creador de contenido en YouTube cuyo canal lleva el nombre de Gabbo. Aunque el canal en cuestión está especializado en el doblaje, se ufanaba de reproducir la lamentable imagen de Nicolás Maduro esposado y con los ojos cubiertos por un antifaz mientras era trasladado ilegalmente territorio estadounidense. La publicación celebraba la “detención” de Maduro, lo calificaba de “dictador” y “tirano”, y cerraba con la irritante arenga de Javier Milei. Cuando este youtuber se ha atrevido a hacer otras desacertadas publicaciones en las que muestra su muy nublado panorama político, lo he rebatido. No tiene verdaderos argumentos; solo utiliza la frase comodín de que él no defiende a políticos.
Ya antes hemos analizado la correlación entre la cultura de masas, la llamada cultura pop y el pensamiento de derecha, la despolitización y la noción automatizada de que EEUU es una nación que promueve la democracia y la libertad. La mayoría de jóvenes que han crecido en el sobreconsumo de productos culturales gringos, suelen tirar para la derecha por pura lógica, puesto que no han consumido nada distinto desde la infancia. Han de pensar: «Gracias, EEUU. De niño me diste caricaturas y películas, y ahora le das al mundo libertad».
Sin embargo, este fenómeno no solo se manifiesta en los jóvenes, sino que también tienen satanizados a Cuba y Venezuela varios de los adultos mayores a quienes les doy clase. Años de noticiarios televisivos tendenciosos moldearon sus cerebros. La era de la televisión no ha terminado. Aunque ya pocos se entretienen o informan en ella, su estela de ignorancia y mensaje imperialista se va a seguir padeciendo por muchos años.
Y aunque ya se puede ir por todo este país diciendo que se es de izquierda sin tapujos, y sin que esto suponga ningún estigma social, sino timbre de orgullo gracias a la gesta de AMLO, aún se palpa en algunos sectores un atraso significativo. No se trata de fervientes defensores ideológicos de la derecha, sino de pueblo alienado, inmerso aún en la dinámica de pensamiento que se le inoculó en los medios masivos; ese mensaje despolitizante de: «Todos los políticos son iguales, son corruptos y traidores. No te molestes en votar, porque ya todo está decidido y al final siempre hacen lo que quieren».
El despertar ideológico del pueblo fue sin duda significativo, pero la onda expansiva de AMLO no alcanzó a quienes consumen contenidos que en su esencia llevan el mensaje de la industria cultural anglosajona. Muchos de los jóvenes despolitizados que desde el desconocimiento menosprecian a la izquierda, han crecido viendo a streamers de videojuegos con opiniones de derecha, y la truculenta marea del algoritmo les acerca los reels y shorts de Agustín Laje o incluso las incendiarias peroratas de los simpatizantes de Trump.
Hemos dicho que en México no corren tiempos buenos para la derecha, pero en el resto del continente y del mundo, el panorama es distinto. A diario dilapidan millones en esparcir su evangelio. ¿Qué nos queda? Seguir siendo un pueblo unido y fuerte en todos los sentidos. Éste sí es el lado correcto.
La conciencia de la lucha viva de las letras chicanas en entrevista exclusiva.
¿Qué opinas de la postura de México respecto a los ataques y amenazas de Donald Trump contra la paz en Latinoamérica?
Primero que nada, hay que decir que las acciones de Trump en Venezuela son las acciones criminales de un criminal de guerra. ¡Libertad para Nicolás Maduro!
En cuanto a México, creo que las sucesivas presidencias de MORENA representan el mejor liderazgo que México ha conocido desde la presidencia de Lázaro Cárdenas. Creo que de esa manera representan un México más independiente que no es un títere abierto del imperialismo estadounidense. De esta manera, por supuesto, eso convierte a la administración Scheinbaum en un blanco del Tío Sam. Claro que en este momento México es un blanco de la Doctrina Monroe. México es un país de cierto tamaño, el tercero más poblado del hemisferio y la segunda economía más grande de Latinoamérica. Un México independiente es una amenaza para el imperialismo estadounidense y, como tal, una victoria para toda la humanidad.
Vemos el auge de la derecha en Chile, Argentina, Perú, etc. Sin embargo, al mismo tiempo, vemos en Colombia a un presidente progresista por primera vez en la historia moderna. La lucha continúa en este siglo.
Estos son tiempos aterradores. También son tiempos de lucha y de posibilidades. Espero que México se mantenga fuerte.
Cuéntanos cómo fue censurado ese gran poema tuyo acerca del genocidio que perpetra el Estado de Israel y el sionismo internacional contra Gaza; ¿Qué pasó en la Universidad de Harvard?
En 2025, un colega que trabaja en Harvard Educational Review me contactó para proponerme publicar un poema sobre Palestina para una edición dedicada al tema. Había hablado con él durante un tiempo sobre mi deseo de leer en el campus; nunca pensé que publicaran mi trabajo. Naturalmente, estaba muy entusiasmado con esta oportunidad. Hubo retrasos, y luego más retrasos, y un día recibí un correo electrónico anunciando la cancelación total de la edición.
Lo que me impactó fue que Harvard estaba en ese momento inmersa en una lucha contra la brutal campaña de blanqueo de la administración Trump. Harvard, sí, la elitista Harvard, estaba muy del lado correcto de esta lucha. La administración fascista de Trump amenazaba a Harvard con que, si no cumplía con sus esfuerzos por limpiar los crímenes de la historia estadounidense, le cerraría el apoyo y obstaculizaría su capacidad para atraer estudiantes internacionales. En este sentido, Harvard, sí, la elitista Harvard, estaba librando una buena batalla contra la supremacía blanca y el chovinismo estadounidense.
Mientras Harvard luchaba por el bien externamente, internamente reprimió las voces que se alzaban en apoyo de Palestina y los palestinos. Mientras Harvard luchaba contra Trump, también luchaba contra su propio alumnado, que exigía el fin del genocidio. Mientras Harvard luchaba contra Trump, también luchaba contra su propio alumnado, que buscaba usar el peso de la universidad, que después de todo es suyo, para pedir el fin del genocidio.
No sé qué pasará con este asunto. Ojalá algún día se permita a Harvard Educational Review publicarlo.
Como miembro destacado de la comunidad chicana en Los Ángeles, usted ha representado la resistencia cultural durante la administración de Donald Trump. ¿Podría contarnos más sobre esa resistencia?
Durante los últimos dos o tres años, parece que paso la mitad del año fuera del país. Gran parte de lo que he podido hacer en ese sentido, o al menos lo que me permite una posición única, es compartir esta historia con el público internacional. El punto álgido de la opresión en Los Ángeles fue en junio y julio de 2025. Esto no significa que la comunidad migrante no haya sufrido agresiones antes o después de este período. Simplemente quiero destacar el aumento en la intensidad. La opresión precedió y continuó después. Menciono estos meses porque fue en esa época cuando dos amigos míos, nacidos en Estados Unidos, fueron arrestados y encarcelados bajo cargos ridículos. Los medios de comunicación de derecha los promocionaron como terroristas nacionales y los encerraron en un laberinto donde nadie podía encontrarlos durante días. Mientras esto ocurría, yo estaba en Italia, Hungría y Alemania de gira por mi trabajo. Sentía una tremenda culpa y responsabilidad.
Lo que puedo decir con total claridad es que la resistencia al ataque fascista del ICE contra la comunidad ha sido liderada por organizaciones, no solo por individuos al azar. Las más destacadas son Unión del Barrio, Centro CSO y La Raza Unida. Desde alertar a la comunidad sobre redadas hasta movilizar a los detenidos, pasando por la ayuda de emergencia y mutua, estas organizaciones han sido el corazón de la resistencia al fascismo.
Sin embargo, pasando de Los Ángeles a la escena nacional, me horroriza lo que estoy viendo en Minneapolis con el asesinato de Rachel Goode. El ICE está demostrando realmente lo fascista que es. Es escalofriante escuchar cómo hombres como J.D. Vance y Stephen Miller hablan de “ir puerta a puerta”. La administración Trump representa una amplificación de lo que siempre ha sido Estados Unidos. La opresión y el colonialismo en el contexto estadounidense son constantes y bipartidistas.
En la era de la inteligencia artificial, ¿cuál es la importancia de la poesía política?
La poesía política siempre es importante. Son las artes las que impulsan a la gente a la acción. Mientras la inteligencia artificial se cierne sobre nosotros para destruir el trabajo tal como lo conocíamos, la lucha sigue siendo la misma: apoderarse de los medios de producción.
Bajo la dictadura del capital, la IA representa una amenaza de apocalipsis económico. Las herramientas han cambiado, pero la solución sigue vigente. Debemos apoderarnos de los medios de producción.
Háblanos del trabajo de El Martillo Press, tu sello editorial en 2025.
El Martillo Press fue fundado por David A. Romero y yo en 2023 con el objetivo de publicar a poetas de la clase trabajadora. Hemos ganado un Premio del Libro Americano y participado en el Festival del Libro de Guadalajara, FIL Minería, Lea LA y otros. En 2026 publicaremos a Lorna Dee Cervantes y la novela debut de David A. Romero.
El Martillo Press, constructor de puentes, destructor de muros.
¡Trabajadores y trabajadoras del mundo, uníos!
Matt, ¿Cuáles son sus planes y qué prepara para 2026?
2026 se presenta como otro año excepcional. Los dos últimos años han sido abrumadores y parecen un borrón. En 2025, tuve la fortuna de leer en el escenario con Inti-Illimani frente al Estadio Nacional el 11 de septiembre, día de conmemoración nacional en Chile. Ese día, ante miles de personas reunidas para honrar a Salvador Allende, Víctor Jara y a miles de otros caídos a manos del ataque fascista de Pinochet en 1973, les conté la historia de Rubén Salazar, periodista chicano y defensor del pueblo, asesinado por los sheriffs de Los Ángeles en 1970 durante la Moratoria Chicana. Ofrecí esto para dejar claro que nuestra lucha era global y compartida. Fue un momento de orgullo para mí, quizás el más orgulloso. El año pasado también compartí una audiencia privada con el cubano Mijian López, cinco veces medallista de oro. En 2024 escribí un poema celebrando su vida y legado, que fue leído en París por una compañía de actores como parte de la Olimpiada Cultural. Ese mismo año tuve el honor de leer en el gran Festival de Poesía de Medellín y también lo hice con Jon Fosse, ganador del Premio Nobel 2023, en la Basílica de San Francisco, donde se encuentra la tumba de Dante Algeiri. Durante ese tiempo, también participé en festivales internacionales de poesía en Argentina, India, Italia y Cuba. El año pasado, también tuve el gran honor de editar la primera antología de poesía chicana publicada por Casa de las Américas.
En 2026, espero continuar con muchos de estos éxitos y abrir nuevos caminos. Busco colaborar con el Instituto Cultural Mexicano de Los Ángeles, donde soy Director Literario, en proyectos en Italia, México y Chile. No puedo entrar en muchos detalles sobre estos proyectos, ya que aún están en desarrollo. Puedo decir que en 2026 estaré en México en enero y en Cuba en febrero.
Matt Sedillo nació en 1981 en El Sereno, Los Ángeles, California, EUA, un 18 de diciembre. Es un poeta, ensayista y activista político chicano. Tallerista literario, actualmente es director literario del Centro Distrital para las Artes en Pomona, California. El Instituto Hampton comparó su poesía con la de Amiri Baraka. Ha sido descrito como el mejor poeta político de Estados Unidos, por el periodista de investigación Greg Palast y como el “poeta laureado de la lucha”, por el historiador Paul Ortiz. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía de San Francisco y en el Festival del Libro de Texas.
La derecha latinoamericana sigue cosechando triunfos, el más reciente, la captura de Nicolás Maduro. Y no es que hayan conseguido doblegar la voluntad del gobierno trumpista para satisfacer sus más perversos fetiches, sino que ha sabido doblegar sus más perversos fetiches para que coincidan con los intereses del gobierno de Estados Unidos de América, aquello que las buenas conciencias llaman “ruptura del derecho internacional” y “violación de la soberanía venezolana”, no es más que la labor altruista de un imperio para establecer los límites claros de su área de influencia, de su área de injerencia: América para los americanos, y los americanos para America… sin rusos ni chinos metiendo las narices en un continente que ya tiene dueño.
Sin lugar a dudas, no faltarán quienes denuncien la apropiación de recursos naturales y la invasión como si fuera algo condenable, quienes vean la extracción de Maduro y la toma de control de Venezuela como un simple golpe en la mesa para decir “aquí mando yo”, y no como un acto de honestidad brutal y desgarradora que liberará al pueblo latinoamericano del ridículo juego de salir a la calle para manifestar la voluntad popular en las urnas, ¿para qué? Si la voluntad popular debe de estar por debajo de la voluntad imperial, de la voluntad del mercado, ahorremos tiempo, recursos e ilusiones y dejemos que sea el mercado quien ponga y quite representantes imperiales.
La ventaja de esto es tan deslumbrante que oscurece el panorama, no sólo termina con la angustia que conlleva asumirse como ciudadano de cara al Leviatán estatal. No. También erradica la condena de ser libres, nos emancipa de arrastrar las pesadas cadenas de estar obligados a elegir, de ser responsables de nuestras vidas y acciones. La maldición del siervo liberado se conjura restaurando la servidumbre, el vasallaje, abrazando un capitalismo feudal donde todos somos súbditos del capataz en turno en el gobierno del imperio. Ya no hará falta preocuparse por el mañana, por forjar un destino, la suerte está echada y nadie puede negarlo, depositemos libremente nuestro destino en manos de quien acabará con nuestra libertad.
Entrados en gastos
Los patriotas latinoamericanos de derecha no quitarán el dedo del renglón para que las fuerzas armadas de EE.UU. hagan en México, Brasil, Colombia, Bolivia y en cualquier otro rincón de la región, lo mismo que hicieron en Venezuela, sacrificar a unos cuantos para liberarlos de ellos mismos, apoderarse de sus recursos naturales en aras de garantizar la satisfacción de los intereses del gran capital. Nada de ello es necesario, el mensaje fue claro, quien quiera seguir siendo libre, debe renunciar a su libertad, quien quiera conservar su soberanía, debe postrarse soberanamente cuando el soberano lo exija. No hay más.
Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
La intervención militar realizada por Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero representa uno de los episodios más delicados de la política internacional reciente. Se trató de una acción armada directa en territorio soberano, ejecutada sin autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que reavivó el debate sobre la legalidad del uso de la fuerza y la fragilidad del orden internacional contemporáneo.
Desde el punto de vista jurídico, la operación contraviene el Artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de los Estados. Este principio constituye uno de los pilares del sistema internacional posterior a 1945 y su vulneración no solo afecta al país intervenido, sino que debilita el marco normativo destinado a contener el ejercicio arbitrario del poder militar. La ausencia de una amenaza inmediata y verificable refuerza la percepción de una acción unilateral al margen del derecho internacional.
El precedente que se establece resulta particularmente preocupante. La normalización de intervenciones militares sin aval multilateral erosiona el sistema basado en normas y fortalece una lógica de poder en la que la fuerza sustituye al derecho. En este contexto, los Estados con menor capacidad militar quedan expuestos a decisiones externas que redefinen su destino político sin mecanismos efectivos de protección internacional.
A esta dimensión jurídica se suma una dimensión humanitaria ineludible. El uso de bombardeos y operaciones militares en zonas urbanas implica riesgos elevados para la población civil. La experiencia en conflictos recientes demuestra que incluso las denominadas operaciones de precisión generan daños colaterales: pérdida de vidas civiles, destrucción de infraestructura crítica e interrupción de servicios básicos. En Venezuela, estos efectos se superponen a una crisis económica y social prolongada, profundizando la vulnerabilidad de amplios sectores de la población.
Más allá de los análisis estratégicos, el impacto humano es central. Las explosiones alteran la vida cotidiana, generan miedo e incertidumbre y dejan secuelas sociales difíciles de revertir. La guerra no se vive en abstracto, sino en barrios, hogares y comunidades concretas.
Las implicaciones regionales también son significativas. Para América Latina, una región históricamente marcada por intervenciones externas, lo ocurrido reactiva preocupaciones sobre la vigencia real de la soberanía y la no intervención. En suma, el episodio del 3 de enero no es un hecho aislado, sino una señal de alerta sobre el debilitamiento del multilateralismo y de las normas que limitan el uso de la fuerza, con costos profundamente humanos.
Nuestro movimiento es el más fuerte del mundo por tres razones fundamentales: hay unidad interna, contamos con el respaldo del pueblo y porque tenemos a los dos mejores ejemplos: la presidenta Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador”; eso afirma Luisa María Alcalde y su declaración no sólo me parece un exceso retórico, sino que además exhibe uno de los principales problemas por los que atraviesa MORENA, es decir, la soberbia toda vez que, a mi parecer, confunde la innegable hegemonía electoral con la fortaleza política real. Alcalde, desde su presidencia parece asumir que el poder alcanzado en las urnas es permanente, incuestionable y, sobre todo, autosuficiente.
Es cierto, existe un respaldo popular amplio, pero conviene decirlo con honestidad, se trata de un apoyo dirigido principalmente a figuras concretas, pero no al partido como institución. Si partiéramos de la honestidad, tanto el liderazgo histórico de Andrés Manuel López Obrador como el respaldo actual a Claudia Sheinbaum explican mucho más el apoyo social que la vida interna del Movimiento Regeneración Nacional como partido. Por eso creo que confundir el liderazgo carismático y los resultados inobjetables en el ejercicio de gobierno con la solidez partidaria no es más que un error nacido de la autosuficiencia.
Por otra parte, hablar de una supuesta unidad interna en Morena es desconocer, incluso de negar deliberadamente una realidad pues ese partido (por más que se niegue) vive tensiones profundas entre grupos o corrientes, así como liderazgos locales que han desplazado a la militancia de base, en muchos casos, permitidos desde la dirigencia anterior. No se explica cómo Luisa Alcalde pretende negar que la lógica de facciones ha sustituido al debate político y al trabajo orgánico cuando está a la vista de todos. Por eso creo que la soberbia acompaña los dichos de la presidenta morenista y lo refleja con toda claridad pues su dirigencia quiere hacer ver que los destinos del movimiento poseen una cohesión consumada cuando en realidad el distanciamiento con las bases es cada vez más evidente. Probablemente el escuchar a las bases le haría bien al partido. Aquí cabe hacer un paréntesis obligado: Morena no es el movimiento, sino una expresión (la más fuerte sí) de éste, habría que recordar que el movimiento de transformación se construyó con pueblos, estudiantes, sindicatos, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos que no necesariamente militan en el partido y que hoy, en muchos casos, no son escuchados por la dirigencia en ninguno de sus niveles. Siendo así, otro error es creer que el partido, peor aún, su dirigencia, pueden hablar en nombre de todos sin abrir espacios de deliberación, lo que no es más que otro rasgo de esa soberbia política que termina por clausurar la crítica y el disenso y que a la postre daña cualquier movimiento.
La autocrítica debería comenzar a convertirse en un ejercicio partidista pues el viraje hacia el pragmatismo electoral profundiza todos los problemas, así que hay que señalar con claridad que, desde la etapa en que la dirigencia optó por repartir candidaturas sin filtros ideológicos (como ocurrió con perfiles ajenos o contradictorios al proyecto tipo Pedro Haces), se envió el mensaje de que los cargos importan más que el proyecto dejando de lado la construcción colectiva de sentido. Luego entonces, MORENA debería comprender que el ejercicio de gobierno no es un mérito partidista exclusivo, pues asumirlo así es vaciar de contenido político al movimiento y abandonar su razón de ser.
Ojalá la soberbia que hoy acompaña los dichos de Luisa María Alcalde no le impida ver las grietas evidentes; Morena no necesita proclamarse el más fuerte del mundo, todo lo contrario, necesita reconocerse vulnerable, escuchar, corregir y volver a las bases que le dieron origen pues ningún partido se debilita tanto como aquel que cree que ya no necesita mirarse críticamente.
Luis Tovar Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH
La intervención de Estados Unidos en Venezuela bajo el gobierno de Donald Trump no fue un acto de “liberación”, ni una cruzada ideológica contra la izquierda, fue como tantas otras veces en la historia de Estados Unidos una operación al margen de los pueblos y del derecho internacional. Fue una operación de control con varios objetivos y un solo beneficiario, el poder hegemónico.
El bombardeo en Caracas, los ataques a lanchas, la narrativa del narcotráfico y las drogas son pretextos, etiquetas útiles para criminalizar a un país, justificar acciones ilegales y convertir una intervención en “operativo de seguridad”.
Bloqueos, amenazas, bombardeos y operaciones encubiertas no son gestos humanitarios, son actos de fuerza que violan la soberanía de un país y normaliza que las potencias decidan quién gobierna y quién no. El derecho internacional, una vez más, fue pisoteado sin consecuencias reales.
Muchos festejan las arbitrariedades de Trump, les da gusto el secuestro de Maduro, les digo que esto no los hace demócratas, ni patriotas, ni defensores de la libertad, los convierte en cómplices de una lógica imperial que no distingue colores políticos, solo intereses, porque cuando se trata de control, la ideología es lo primero que se sacrifica.
Que Trump no nos venda cuentos cuando nosotros sabemos de historias, no es apoyo al pueblo venezolano, el guion es viejo, presión económica, asfixia financiera, amenaza constante y luego “negociación” bajo bombardeos.
Lo sabemos, no es solo el petróleo, es una pieza clave no se pone en duda pero no es el tablero completo, es control financiero, territorial, geopolítico y simbólico, es demostrar que ningún país que se salga del guion establecido puede hacerlo sin pagar un precio muy alto. Es enviar un mensaje a toda América Latina, te digo Juan para que entiendas Pedro.
Quien esté pensando que Estados Unidos busca justicia, democracia, o reparación histórica, o terminar con el narcotráfico no ha entendido cómo funciona el poder. El libreto es conocido, si no te pueden llamar dictadura, te llaman narcoestado, si no te pueden invadir, te asfixian, si no pueden justificar la guerra, la fragmentan en “incidentes”.
Así se hizo en Chile, cuando la economía fue estrangulada antes del golpe. Así se hizo en Irak, con el cuento de las armas inexistentes que dejó un país destruido, así se hizo en Libia, donde derrocaron al gobierno y entregaron el país al caos permanente. El patrón se repite, primero control, luego fragmentación, después silencio. La soberanía es la primera víctima.
Esto no va de derechas ni de izquierdas, esa “discusión” es para distraer, el verdadero juego se mueve entre élites que se reparten territorios, recursos y silencios, mientras el derecho internacional se arroja al basurero. ¡Ojo! Esto no es una excepción. Es un ensayo general.