Categoría: Emmanuel Soriano Flores

  • Hay que ir más allá

    Hay que ir más allá

    Mucha polémica causaron las recientes declaraciones del Presidente López Obrador sobre el Neoliberalismo, aludiendo a que, si no existiera la corrupción, podría ser un modelo no tan malo, como otros. 

    Si se interpreta con el simplismo anacrónico que hacen los medios tradicionales y opositores al modelo de la Cuarta Transformación, la conclusión es que AMLO se “cambió de bando” finalmente, porque se dio cuenta que el suyo no es el bueno. Nada más lejano de la realidad.

    El Presidente ha mencionado en reiteradas ocasiones que el problema de México (y básicamente el de cualquier sistema político fallido) es la corrupción, en lo cual tiene razón porque todos los indicadores de desarrollo y bienestar muestran una correlación inversa entre buen gobierno –honesto y sin corrupción- y subdesarrollo, es decir que, a menor nivel de corrupción en la gestión gubernamental, mayores niveles de desarrollo y bienestar alcanza su población, y viceversa. Ejemplo de ello son los países primermundistas, pero en particular los nórdicos, que tiene las tasas más bajas de corrupción y el Índice de Desarrollo Humano más alto; tal es el caso Noruega, Suecia, Finlandia, etc.

    Entonces, ¿qué quiso decir realmente el Presidente y por qué debemos ir más allá? Las interpretaciones de estas declaraciones deben hacerse desde dos perspectivas: una estrictamente teórica-filosófica y una ideológica-pragmática.

    La interpretación teórica-filosófica sería que, si el ser humano actuara libre de pecado y basado siempre en las virtudes cardinales, el Neoliberalimso (y cualquier modelo de desarrollo económico, por radical que fuera) funcionaría, porque el resultado sería siempre el esperado y no habría externalidades negativas –o habría las menos-, y en todas las propuestas teóricas se plantea el bienestar social, la justicia, la equidad y la prosperidad. En particular, el Presidente habló de que las privatizaciones per se no son malas si se hacen bajo la premisa de eficiencia y eficacia y con controles y regulaciones necesarias, lo cual no contradice su discurso, porque él ha apostado por un Estado más fuerte en sectores estratégicos y donde actualmente hay muchos desequilibrios, pero jamás se ha acercado al modelo de estatización que propone el Socialismo, algo de lo que lo acusan sus más férreos opositores.

    La segunda interpretación sería la ideológica pragmática, en donde el supuesto es que el Neoliberalismo sí es, de facto, un modelo de debilitamiento del Estado y explotación de los trabajadores, pero, incluso este modelo fallido y pernicioso, no sería tan malo si, al menos, no se llevara al extremo y las grandes élites dominaran con algún nivel de decencia y consideración hacia los más pobres y olvidados, algo que definitivamente no ocurrió en México. El Neoliberalismo considera a los derechos como mercancías con valor económico intercambiable, y al mercado como eje rector y regulador de la sociedad, es decir, la antítesis del modelo de la Cuarta Transformación, pero esta última estima y valora a la Inversión Privada como algo absolutamente indispensable para el desarrollo (algo con lo que coincide el Neoliberalismo), siempre y cuando haya una distribución justa de la riqueza y el Estado procure y cuide siempre a los pobres y más necesitados.

    Existen otras interpretaciones de las declaraciones del Presidente respecto al Neoliberalismo, siendo estas más coyunturales al momento social, económico y geopolítico que vive México, como su reciente visita a Cuba y casos mediáticos de violencia, las cuales pueden ser más o menos cercanas a la realidad, pero valía la pena comentar las dos primeras.

  • ¿Qué papel podría jugar el Estado Mexicano en el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    ¿Qué papel podría jugar el Estado Mexicano en el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    México es un país respetado y conocido por la congruencia con sus principios de política exterior, los cuales están consagrados en el artículo 89 de la Constitución: no intervención y resolución pacífica de conflictos.

    Esto, que para la Oposición se interpreta como una cobardía, una falta de integración en asuntos de competencia internacional, una falta de compromiso para la condena de regímenes autoritarios o para la solidaridad internacional; implica, realmente, una posición neutral de respeto y conveniencia, como la que venía desempañando Suiza hasta el 2022. Pero, ¿qué relación tiene esto con el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    Pues que, ante la escalada del conflicto y el aumento de la beligerancia de ambos bandos (el ucraniano claramente maniatado por los europeos y estadounidenses), se agotan las opciones de posibles intermediadores que estén a la altura de las circunstancias, es decir, que tengan el peso geopolítico suficiente, pero, al mismo tiempo, sean neutrales hasta donde sea posible.

    Se descartan automáticamente países que hayan impuesto sanciones a Rusia, los que hayan hecho una condena en el foro de la ONU o los que claramente tengan una posición ideológica a favor de uno u otro bando. Aplicando estos descartes, países como China o la India podrían ser grandes intercesores para el cese del conflicto; el primero, China, es el gran gigante de Oriente y hasta el momento ha mantenido un papel de neutralidad, aunque en el concierto de las naciones se le vea como un antagonista de Occidente, particularmente de Estados Unidos; el segundo, la India, es un país con un liderazgo incuestionable, una economía pujante y una independencia ideológica clara, pero, ¿qué pasaría si alguno de ellos no pudiera o quisiera asumir la gran responsabilidad ante, lo que parece, un distanciamiento de las posturas cada vez más marcado?.

    Pues aquí entra México, sobre todo, el liderazgo internacionalmente reconocido de Andrés Manuel López Obrador. Alguien que, lejos de actuar como vasallo del gran imperio –como sus predecesores neoliberales- ha demostrado actuar soberanía, independencia y, sobre todo, una postura de humanismo y máximo diálogo, lo que podría ser obvio en el discurso, pero que en la práctica muchos países con problemas de violencia no llevan a cabo.

    AMLO es un presidente respetado y querido no solo en México, sino regionalmente –incluso sin salir mucho del país- ha demostrado gran liderazgo que lo posicionan no solo como uno de los jefes de Estado mejor evaluados, sino como un Humanista que tiene claras sus prioridades: la política es diálogo y siempre favorecer a los más desprotegidos. Esto no pasa inadvertido en otras partes del mundo, y ahora mismo podría ser uno de los grandes personajes cuya retórica podría favorecer el ejercicio de la Diplomacia necesaria para el cese del conflicto.