Brotes de sarampión obligan a frenar operaciones en centros de ICE en Texas, mientras médicos en Minnesota advierten que el miedo a las redadas está alejando a pacientes de hospitales y clínicas, detonando una crisis sanitaria.
Médicos que ejercen en Minnesota alertaron que el miedo a la presencia del Servicio de Control de Inmigración (ICE) bloqueó el acceso a la atención médica provocando un deterioro silencioso acelerado de la salud pública.
Los profesionales atienden a pacientes en todas las etapas de la vida y una amplia red que incluye sistemas hospitalarios, consultas privadas, centros académicos, servicios para veteranos y clínicas comunitarias. La diversidad ha permitido identificar patrones repetidos de interrupción del cuidado de distintos territorios.
Los pacientes confiesan que temen salir de casa, conducir o incluso caminar desde el estacionamiento a la clínica, percibiendo los centros de salud como trampas potenciales para ellos y sus familias.
Esta evasión transforma la medicina preventiva en gestión de crisis mortales. Lo que inicia como una infección menor o un dolor termina en algo crónico, por lo que los médicos lamentan que, al esperar demasiado, la atención llega cuando ya es tarde.
El impacto psicológico es devastador al aumentar los casos de estrés postraumático e intentos de sucidio en la comunidad. El propio personal médico se confiesa afectado, sintiendo miedo y desesperación al trabajar en un entorno de persecución y duelo. Ante la emergencia, los doctores han improvisado redes de ayuda clandestina.
El panorama añade la exposición de los infantes a gas lacrimógeno y violencia, aumentando la inseguridad alimentaria en los niños,
Mientras unos temen ir al médico, los migrantes detenidos enfrentan el encierro sanitario. El centro afectado en Dilley, Texas, donde se han detectado dos casos de sarampión, manteniéndose en el centro de atención político. Las autoridades ordenaron cuarentena inmediata para frenar el contagio. Aunque anteriormente, el centro previa su cierre, el contrato fue renovado por el gobierno de Trump como parte de su campaña de represión migratoria.
Ambos panoramas revelan una crisis de salud pública, por un lado el miedo vacía las clínicas, y por otro, las infecciones aíslan los centros dejando a la población migrante atrapada entre la enfermedad y la política.

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